El miedo a desplazarnos

Ceci Santos.
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El 8 de marzo, día internacional de la mujer, debe ser un día para reflexionar sobre todas las desigualdades que vivimos día a día las mujeres, entre las que la movilidad no es la excepción.

Moverse por la ciudad definitivamente no es igual para todas las personas.

Para nosotras las mujeres, la movilidad está bien marcada por la inseguridad, la falta de accesibilidad y el diseño urbano, mismo que no considera nuestras necesidades lo que convierte cada trayecto en una decisión estratégica: evitar ciertas calles por la noche, cambiar de ruta constantemente, elegir calles más transitadas e iluminadas, aunque el camino sea más largo, y sobre todo nunca dejar de estar en alerta constante, ya sea caminando, en el transporte público, O incluso en automóvil particular. En una sociedad que lucha por la igualdad, ¿por qué seguimos teniendo miedo al desplazarnos?

CS-682x1024 El miedo a desplazarnos

Porque desafortunadamente la brecha de desigualdad sigue siendo indiscutible y aunque pareciera muy evidente, nos encontramos muy lejos de poder disminuirla, las mujeres entre todos los roles que debemos cumplir experimentamos la movilidad de manera distinta, nuestros desplazamientos suelen ser más complejos, combinando diferentes trayectos cortos y largos, para ir al trabajo y/o la escuela, para el cuidado del hogar, y sobre todo para el acompañamiento de hijos o familiares, cumpliendo principalmente el rol de cuidadoras.

Las ciudades han sido planeadas históricamente priorizando el automóvil privado y dejando en segundo plano la movilidad peatonal, ciclista y el transporte público, ignorando que la mayoría de los viajes diarios no se hacen en coche.

Las mujeres, en particular, dependen más del transporte público, caminan más y combinan diferentes modos de traslado debido a sus múltiples roles. La ausencia de infraestructura segura limita nuestra autonomía y condiciona nuestra participación en la vida económica, social y cultural. No se trata solo de movilidad, sino de derechos. Una ciudad que no nos permite movernos con seguridad es una ciudad que nos excluye.

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Repensar la movilidad desde la perspectiva de género implica cuestionar el modelo actual y exigir soluciones concretas: transporte público seguro y accesible, calles iluminadas, infraestructura peatonal y ciclista de calidad, políticas de movilidad que consideren las necesidades reales de quienes más dependen de estos medios y de las poblaciones más vulnerables, así como espacios públicos diseñados para todas las personas.

Este 8M, alzamos la voz no sólo por la lucha contra la violencia, la igualdad en el trabajo, la educación, sino también por el derecho a transitar sin miedo. Exigimos ciudades diseñadas para todas y todos, donde movernos no sea un riesgo, sino una posibilidad para mejorar nuestra calidad de vida.

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